El balón pie y yo

cañizares

Yo participé en las ligas infantiles de mi pueblo, pero jugaba tan mal al fútbol que por prudencia decidí retirarme al final de mi niñez. Acá algunas notas personales sobre este deporte.

UNO

Mi primer recuerdo relacionado al fútbol se remonta a la barbería de mi pueblo. Se jugaba entonces Francia 98 y los clientes comentaban en voz alta los acontecimientos de la copa. Los tres hermanos dueños del negocio habían tapizado las paredes con afiches de deportistas y colocado un pequeño televisor para transmitir los partidos.

DOS

Pero el mundial, más que una lección de fútbol fue una lección de geografía. Al final logré memorizar sin trabajo las banderas de algunos de los países participantes. Sin embargo, no ocurrió lo mismo con sus futbolistas.

TRES

La primera vez que tomé bando por uno de los equipos, fue en la final de Champions del año 2001. Naturalmente mi equipo perdió, pero nacería una relación de simpatía que años después me brindaría algunas pequeñas alegrías.

CUATRO

En la misma barbería me enteré de la existencia del club local. Con el pasó del tiempo, el equipo ascendería a primera división y empezaría a ser popular entre la población. Es ahí cuando empieza mi etapa de hincha y con ella las visitas a los estadios.

QUINTO

Ser hincha de un equipo pequeño requiere coraje para enfrentar el desencanto. Sobre todo cuando –aún con las estadísticas en contra– se resiste y encara a los grandes. Sin embargo, muy a menudo se suele perder a último minuto. Entonces la derrota es más triste. Así que consideremos en este punto al fútbol como espejo de la vida.

SEXTO

Todo puede cambiar de un momento a otro. Como en la final de la Champions del 2005. Repito: la remontada puede llegar en cualquier momento. Consideren ustedes mismos tomarlo como un hecho favorable o no.

SÉPTIMO

Pero no todo es sufrimiento y desencanto. Algunas veces mis equipos favoritos ganan. Digamos que también así es la vida. Algunos simplemente preferimos esperar con nerviosismo el final de cada partido, que la comodidad de ganar cada domingo.

OCTAVO

Sigo al fútbol desde los 11 años. Puedo presumir –aunque eso no significa nada– que he sigo testigo de momentos que han pasado a la historia de este deporte. Y aunque considero que la industria ha causado mucho daño, recuerden la cita de Maradona: “La pelota no se mancha”.


Después de Estrella Distante

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“Sí, dije, qué triste es la literatura.”

He concluido recientemente la lectura de “Estrella distante”, la sexta novela del poeta y narrador chileno Roberto Bolaño. La novela fue publicada por Anagrama en 1996, tiempo después de “La literatura nazi en América” y precediendo a una de sus obras más importantes: “Los detectives salvajes”. En poco más de 150 páginas Bolaño (ahora figura literaria y fenómeno editorial) desarrolla la historia del poeta y aviador chileno Carlos Wieder, en un relato en primera persona narrado por un sobreviviente del golpe militar chileno de 1973 .

El argumento es sencillo: un grupo de poetas adolescente son testigos de la infamia y del horror que se desencadena después del golpe. El poeta Wieder, piloto de la fuerza aérea chilena, encarna la maldad. Los jóvenes poetas viven la derrota y la tristeza; una tristeza que transciende la vida misma y que en ocasiones es sinónimo de literatura. La única moral de Wieder será la estética, y la muerte la materia prima de sus obras.

Aún estando lejos de los artificios narrativos de “Los detectives salvajes”, Bolaño ya demuestra su particular imaginación. El texto está escrito en una prosa clara, llena de energía y de imágenes singulares. El efecto, no pudo ser más reconfortante. Efecto que por alguna razón siempre (o casi siempre) me provoca este autor; además de proporcionarme una ganas terribles por escribir, o siendo más preciso: de asumir algún tipo de compromiso literario.

Una de las características de la narrativa de Bolaño, es su alto grado de erudición. Basta con observar las constantes enumeraciones y referencias en sus textos. Enumeraciones no solo literarias, sino que van más allá de las listas de libros y escritores, sumando a personajes de la Segunda Guerra Mundial o guerrillas latinoamericanas. Sin duda una prueba más que el escritor debe nutrirse con insumos extraliterarios.

Si alguien me preguntara por una novela corta, fácil de leer y entretenida, no dudaría en recomendarla.


Esculturas vivientes

Breve crónica de mi visita a las esculturas de piedras en la finca El Jalacate, Reserva Natural Tisey-Estanzuela.

Escultura 3

Luego de abandonar nuestra casa de campaña (que sorpresivamente continuaba de píe a pesar del estremecedor viento de la Garnacha) y de unas cuantas tazas de café necesarias para soportar el frío, mi compañero y yo salimos en dirección a la finca El Jalacate. Lugar en donde se encuentra la obra de un escultor anunciada en todas las guías turísticas de la zona como ¨esculturas vivientes¨.

Ya nos habíamos acostumbrado a caminar, pues el día anterior fue necesario hacerlo por más de una hora desde que el bus a San Nicolás nos botó en el ¨Rancho de Don Luis¨, hasta llegar a nuestro refugio en los alrededores del Tisey. Pero esta vez el camino se volvía más accidentado a medida que nos acercábamos a nuestro destino. El día empezaba a aclarar y de pronto eramos golpeados por fuertes ráfagas de viento que nos sumergían en una especie de limbo térmico: el sudor mezclándose con el frío.

Luego de una hora, y después de haber subido y bajado por más de alguna pendiente (donde difícilmente un conductor sensato conduciría su vehículo), llegamos a la propiedad que Don Alberto Girón comparte con sus hermanos. El sitio donde ha trabajado esculpiendo las piedras de la montaña, valiéndose unicamente de dos clavos de construcción y una maciza piedra que cumple la función de mazo. Su única escuela: la experiencia acumulada por los años.

Tuve la sensación de encontrarme rodeado de una vegetación más antigua y densa. Don Alberto, un hombre anciano, vestido con ropa ligera que nos recordaba a cada instante nuestra debilidad al frío, nos recibió en el patio de su Casa escultorpequeña casa. Una construcción rustica de tablas de aproximadamente dos metros de largo, bajo un techo de zinc que sirve de hogar a este hombre de barba blanca que por momentos evoca la imagen de un antiguo eremita.

Don Alberto nos hace firmar uno de sus tantos libros de visitas, donde según él contabiliza más de 3000 personas entre nacionales y extranjeros. Luego de mostrarnos unas cuantas fotografías y reconocimientos locales que guarda orgulloso dentro de su casa, nos aventuramos siguiéndolo sendero arriba.

El recorrido empieza con una pequeña piedra labrada que según el escultor es una representación del sueño que experimentó a los nueve años. Sueño donde le fue revelado de manera epifánica su vocación por la escultura. Alrededor, el verde de la montaña se confunde con los plantíos que ha sembrado sobre terreno. Poco a poco entre la vegetación empiezan a aparecer pequeñas rocas labradas con siluetas de animales, personajes de la historia nacional y evocaciones religiosas. Como si se tratase de un guía de museo, el autor explica algunas de sus obras. Pero en algún punto del trayecto se detiene para recitar la letra del himno nacional o algún poema cuya autoría se atribuye, como si también intentara presentar algún tipo de espectáculo a los visitantes.Escultura 5

Es sorprendente la cantidad de información que este anciano –hace poco analfabeto– ha logrado acumular a lo largo de los años. Todo bajo un velo de erudición aunque al mismo tiempo de inexactitud que no deja de provocar mi admiración.

Luego de continuar con el ascenso a más de 1,300 metros de altura (cuando creía que lo único que este escultor autodidacta podría mostrarnos eran unos cuantos trazos imprecisos sobre la roca del suelo), nos encontramos con el mayor peso de su obra. Se trata de un mural de aproximadamente 200 metros de largo que se levanta tallado sobre las paredes rocosas de la montaña. Las figuras sorprenden a cada paso. Cuesta creer que este anciano de 75 años haya logrado trabajar toda esa roca con sus improvisadas herramientas de trabajo.

No pude evitar sentirme entre las ruinas de alguna civilización antigua, aunque en realidad se trate del trabajo de más de 25 años de un solo hombre. A lo largo del delgado sendero se proyectan esculturas de elefantes a la par de helicópteros y soldados de la guerra de los 80´s. Bustos de Darío y Salomón de la Selva. Venados, águilas, obispos. El significado que el autor da a algunas de sus esculturas raya entre el cristianismo místico y el esoterismo new age.

Escultura 2

El recorrido adquiere el tono de una peregrinación religiosa que culmina con la representación en relieve de un pesebre. Don Alberto reza delante de las imágenes que han sido talladas dentro de una gruta natural. Nosotros tomamos un descanso y aprovechamos para observar el imponente paisaje. A los lejos se divisa la ciudad de Estelí, sola en medio de más cerros.

Cuando había creído llegar al final de nuestro recorrido, Don Alberto continúa adelante sobre el sendero. A un lado la roca y al otro el abismo. Pienso en lo que podría ocurrir si uno de nosotros resbala, pero luego mi interés se centra en las esculturas que continúan apareciendo. Los temas se repiten una y otra vez, pero las dimensiones del trabajo sugieren una labor infatigable.

Por fin el mural acaba, pero ante nuestras preguntas nos muestra el sitio que ha escogido para continuar su obra. Subimos un par de metros hasta un pequeño terreno cubierto de maleza. Entonces me doy cuenta que su jornada no se limita al simple uso del cincel. Es necesario limpiar la zona, acondicionarla, prepararla para el trabajo. Sin mencionar el cuido y limpieza de las viejas esculturas.

Solo nosotros hemos llegado hasta el final, los demás visitantes se han quedado sentados en algún punto del recorrido. Descendemos con tranquilidad, como despidiéndonos del lugar. Por alguna razón percibí en todo aquello un aire similar al de aquellas viejas ciudades descubiertas por aventureros en los relatos de Lovecraft. Tal vez siempre las imaginé así.

Abajo, luego de descansar y tomar más café en casa de los hermanos de Don Alberto, nos despedimos y emprendimos el regreso. Esta vez el sendero lo encaramos con desánimo al subir las empinadas y accidentadas pendientes. Por suerte, ya afuera de la finca y después del tramo más complicado, logramos alcanzar en la tina de una camioneta que nos ahorró caminar el segmento más larga de camino. Después de haber salido por cuatro horas, volvimos a tiempo para almorzar en la Garnacha y tomar una merecida siesta en nuestra casa de campaña.

PD: No podría decirles como llegar, pero preguntando se llega a Roma. Visiten la Garnacha[1]  (muy recomendado) y ahí preguntan. Bye.

[1] http://vianica.com/sp/atractivo/503/la-garnacha


La identidad (artística) de mi consumo.

He sucumbido a la parafernalia mediática del evento de la comunidad de blogueros, y me he sacado de la manga una pequeña reflexión (cliché, debo admitirlo) sobre el tema en discusión: la identidad.

Empecemos dejando algo en claro, no voy a detenerme en románticas reflexiones metafísicas de identidad. De eso ya deben de haber cientos de publicaciones en el marco de este evento. En cambio, seré breve y evitaré la aburrida retórica que tanto les gusta a ustedes.

Ahora, déjenme reflexionar sobre lo siguientes: “Somos lo que comemos”. Y no se trata de un sermón de un vegetariano moralista. Si no, la (auto) formación de nuestra propia identidad de acuerdo a nuestras preferencias.

Es evidente que como individuos, algunos factores determinantes de nuestra identidad están ajenos a nuestro control (nacionalidad, familia), pero es posible elegir nuestras influencias e incluso nuestros maestros. Es decir, tengo total control de elegir lo que consumo: música, literatura, cine, etc. De escoger con sentido crítico lo bueno y lo superfluo para mi formación. Y no quiero limitarme unicamente al ámbito artístico, creo que esta premisa puede extrapolarse al ámbito humano, incluso al desarrollo de la personalidad.

Aquí se nos hace evidente (en parte) la importancia de la cultura en nuestra sociedad, ejerciendo una influencia determinante en su desarrollo. No está mal divertirse con la industria del entretenimiento (civilización del espectáculo diría el nobel Vargas Llosa), pero debemos de preocuparnos por consumir cultura (que también entretiene) y por qué no, invertir tiempo en la educación de nuestra sensibilidad artística.

Ejemplifiquemos para dejar clara la cuestión: Pensemos en un referentes artístico de nuestra vida. En mi caso Roberto Bolaño (tal vez mi escritor favorito en esta etapa), si indagamos sobre su proceso de formación, nos daremos cuenta que tiene por detrás una larga (extenuante) lista de lecturas formacionales, desde Rimbaud, Proust, pasando por Borges, hasta llegar a Nicanor Parra. Es evidente que no hubiera desarrollado su estilo, o su personalidad como escritor (o persona) de la misma manera si se hubiera dedicado a leer a Isabel Allende o Corín Tellado.

Hasta aquí creo que mi punto está claro. Podría seguir dando ejemplos y desarrollando un tratado sobre la influencia y la identidad artística, pero dije que sería breve y que le ahorraría el discurso. La reflexión está servida y ustedes son libres de elegir. Yo me voy a preparar mi almuerzo.


Selección de fútbol de poetas latinoamericanos

Uno de mis autores predilectos, Roberto Bolaño, alguna vez escribió en unos de sus muchos cuadernos de notas, una interesante alineación de fútbol entre equipos de poetas latinoamericanos vs norteamericanos.

Acá la selección latinoamericana, que presenta a Ernesto Cardenal en la media cancha y a Darío como director técnico, y claro, no podría faltar Vallejo de punta.

1. Macedonio Fernández

2. Martín Dron

3. Neruda

4. Lezama

5. Girondo

6. Borges

7. Paz

8. E Cardenal

9. Nicanor Parra

10. Huidobro

11. Vallejo.

Entrenador: Rubén Darío.

En la banca De Rokha, Lopez Belarde, Enrique Lihn.


Los ladrones de cadáveres.

El cine tiene una alta dosis de literatura, que desde su origen ha sabido complementar. En 1945, el talento de Robert L. Stevenson (La isla del tesoso y El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde) fue llevado al cine de la mano del director Robert Wise. Se trata de una adaptación del cuento de terror “Los ladrones de cadáveres”; sin decir nada más lo comparto a continuación.

Fuente: Antología: Los mejores relatos de terror lelvados al cine. Selección: Juan José Plans.


Snobismo musical

Wikipedia define al termino snob de la siguiente manera:

… se denomina a una persona que imita con afectación las maneras, opiniones, etc. de aquellos a quienes considera distinguidos o de clase social alta para aparentar ser igual que ellos… Deseosos de pertenecer a la élite, los esnobs tienden a reproducir el comportamiento de una clase social o intelectual a la que consideran superior. Muchas veces imitan las características de esta clase, ya sea en el lenguaje, los gustos, las modas y estilos de vida. Al mismo tiempo tratan con desprecio a los que consideran inferiores. http://es.wikipedia.org/wiki/Esnob

Aquí había un breve comentario de mi parte, pero su prosa era digna de vergüenza. Pronto volveré a escribir sobre ello.

 


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